Este trabajo que hoy transcribo, surge a raíz de la revisión y el análisis de un artículo que no hace mucho tuve el placer de leer. Se trata del titulado «Los motivos por los que el afecto es importante en las organizaciones» de Sigal G. Barsade y Donald E. Gibson —Revista Empresa nº 22, Ocutubre-Diciembre de 2007—.
En el mismo, los autores, una vez enmarcado el afecto dentro del correspondiente contexto, y a modo de revisión, a través de los diferentes experimentos y estudios realizados sobre la materia, analizan los conocimientos que se desprenden de los mismos, de tal modo que podemos entender en qué manera afecto, estados de ánimo y emociones influyen en el entorno laboral y demuestran la importancia de estos en los procesos propios de las organizaciones y la forma en que influyen en la toma de decisiones, la creatividad, el índice de rotación de personal, el comportamiento orientado a lo social, el trabajo en equipo, la negociación, así como la dirección y el liderazgo.

Afecto y productividad
Estos estudios citados y realizados principalmente en los últimos treinta años, han permitido alcanzar una nueva perspectiva con respecto al afecto relacionado con el trabajo, de modo tal que se ha podido constatar las influencias que el mismo ejerce sobre las diferentes conductas y actitudes de los trabajadores dentro de las organizaciones, y la medida en que estas repercuten en la productividad de la persona dentro de la empresa.
Barsade y Gibson comienzan así su análisis considerando el afecto “como una especia de concepto marco” en el que se aglutinarían tanto los estados afectivos como los estados de sentimiento y los rasgos de sentimiento; y el estudio de los mismos permitiría abarcar una amplia variedad de experiencias afectivas que nos ayudarían a explicar los diferentes modos de comportamiento en el ámbito profesional.
Entre los estados de sentimiento se incluyen las emociones, definidas como aquellos estados en los que el sentimiento suele producirse por alguna causa concreta, y la reacción a dicha causa es objeto de intensidad relativa y dentro de un corto periodo de tiempo. Igualmente se incluyen en este apartado los estados de ánimo, los cuales tienen un origen menos definido, normalmente no relacionado con ningún hecho determinado, siendo identificados con la positividad o la negatividad de lo sentido. Los rasgos de sentimiento, por su parte, se caracterizan por el llamado afecto temperamental como cualidad de una persona hacia los estados emocionales positivos o negativos de una manera subyacente y estable, siendo los estados de ánimo y el afecto temperamental los que ayuden a la comprensión de este estudio sin estar, eso sí, suficientemente clarificado cuál de estos dos posee una mayor influencia.
Por último Barsade y Gibson, añaden otros tres rasgos afectivos que condicionarían los comportamientos reseñados. Estos son: la tendencia de algunas personas a sentir emociones de una forma afectiva particularmente intensa, la predisposición hacia la imitación de la conducta de otras personas (efecto conocido como contagio emocional) y la medida en que una persona demuestra expresivamente sus emociones.
Como continuación de la investigación, los autores introducen nuevos enfoques en el estudio del afecto vinculado a las organizaciones, haciendo hincapié en más recientes conceptos como la Inteligencia Emocional, o utilización de forma inteligente de las emociones para llegar hasta el objetivo marcado; el trabajo emocional, o el uso de manera controlada de la expresión de tal forma que se distingan las emociones sentidas de las expresadas, y, por último, el contagio emocional y el afecto colectivo, o proceso por el cual las emociones son compartidas convirtiéndose en emociones sociales, también conocidas como «emociones colectivas»![]()
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